EL SÁBADO

Sábado 27 de Marzo de 2004

El hombre de ninguna parte

"En Bolaño y Hemon, hay una reinvención del género narrativo, una invitación a la aventura de leer textos que rompen los moldes y descubren zonas no vistas del imaginario colectivo".

Rodrigo Pinto

En el abigarrado mundo de la literatura, conformado por idiomas y tradiciones que reclaman autonomías y propiedades al tiempo que proclaman sus vasos comunicantes, no es tan sorprendente la coincidencia de proyectos narrativos entre dos autores procedentes de mundos radicalmente distintos, cuyo principal rasgo común es la sensación de desarraigo.

Alexsandar Hemon nació en la ex Yugoslavia. Emigró a Estados Unidos en 1992, con un conocimiento muy básico del inglés. Cinco años más tarde publicó La cuestión de Bruno, una colección extraordinaria de relatos que recoge un retrato desde dentro de la cuestión de los Balcanes, que se arrastra desde hace por lo menos un milenio y cuya última explosión todavía no termina de apagarse. De ese volumen desgaja otro libro, El hombre de ninguna parte, que rescata al protagonista de uno de los cuentos ­Josep Pronek­ y lo lanza a una novela, hecha a su vez de retazos, donde una multiplicidad de voces reconstruye su trayectoria vital desde su natal Sarajevo hasta su anónima vida de exiliado y crítico de rock en Chicago.

Cualquier lector avisado notará las similitudes con el proyecto narrativo de Roberto Bolaño, más allá de la cuestión formal de sacar novelas a partir de un cuento. Así como este último construyó la poética del desa-rraigo de los latinoamericanos en el mundo, Hemon comienza a trazar la historia de otros
desadaptados, errantes, desterrados, que echan el ancla en algún lugar de la tierra. Un trazo que recoge historias en Ucrania, Sarajevo, Chicago y otros lugares, tanto actuales como del archivo familiar del o de los protagonistas; porque esas múltiples voces siempre se articulan desde un punto que tiene sus orígenes en alguna otra parte. El título de la novela está inscrito, a su vez, en otra tradición, aquella que viene de lo más hondo de la década de los sesenta, en la juventud de Josep Pronek, que escuchaba a Lennon y compañía cantando "Nowhere man", en agudo contraste con las vicisitudes del socialismo real. Avances, retrocesos, epifanías, coincidencias, retablos de Maese Pedro: aquí, en Bolaño y Hemon, hay una reinvención del género narrativo, una invitación a la aventura de leer textos que rompen los moldes y descubren zonas no vistas del imaginario colectivo. Hemon se suma al reducido grupo de autores que han escrito obras maestras en inglés aun cuando no se trataba de su idioma nativo. De los escritores que anuncian los tiempos por venir, está en la vanguardia. Las historias sobre Pronek son universales. Basta un oído fino para reconocerse en ese eslavo que hace hablar a tan distintas voces sobre su peripecia personal, que es la de tantos seres en este mundo que cada vez más borra, por una parte, y acentúa, por otra, las fronteras.


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